Thank You Skateboarding/Ricky Roberts III

Igual que nunca hemos oído que el futbol no es delito (aunque podría) o salta con pértiga y destruye o practica curling o muere, tampoco hemos leído a menudo que se le agradezca así al mundo del monopatín, ese artefacto con ruedas y lija que se empezó a comercializar en las jugueterías hace más de medio siglo.

Este libro es una breve y sentida dedicatoria de sesenta y dos páginas a la que ha sido la tabla de salvación de Ricky Roberts III y de miles de personas. Autopublicado y movido con éxito a través de redes y plataformas, es su octavo libro. Además de patinar a diario y pegarse buenas piñas que puedes ver en su cuenta de IG,  es conferenciante y fundador de You Are Valued, una ONG americana que recorre highschools peliagudos con dinámicas centradas en trabajar la autoestima valorando a los demás. 

La historia de Roberts III está hecha de abusos en un entorno familiar de violencia y drogas, huidas, broncas y así, hasta ser apuñalado trece veces a la salida de un concierto. Es entonces, entubado, cuando le da una repensada a su vida y una vez recuperado, vuelve a coger el monopatín para curarse las heridas. Y hasta hoy. A lo largo de este recorrido, la misma tabla de salvación. La gente que piensa que cualquier pasado fue mejor no es capaz de conectar con su presente o no las ha pasado canutas. Por eso este libro es tan claro, destilado, honesto y antiinflamatorio.  

Se divide en diferentes capítulos sobre el aporte espiritual del skate: determinación, perspectiva, foco, levantarse cada vez que te caes, apoyo, superar tus miedos o la amistad forjada en un bordillo. Hasta ahora, cuando ponías al skate en la balanza capitalista de la productividad siempre daba negativo: ¿Merece la pena? ¿Por qué la gente se arriesga a hacerse daño patinando? Heridas, prohibiciones, multas, lesiones… De tan anticapitalista que era se ha erigido en símbolo comercial e universal de libertad, vida sin reglas y creatividad. Tanto que la publicidad no para de usar patinetas para vender seguros médicos, coches eléctricos o colonias juveniles.

Contacté con Roberts en cuanto le leí y hablamos una noche de su texto y de su historia y como casi siempre últimamente, la conversación derivó hacia los recientes Juegos Olímpicos de Tokio donde el monopatín se ha puesto de largo: «Las olimpiadas han sido un poco como si la sociedad dijera: te respeto lo suficiente como para ver que lo que haces es impresionante (no solo destrucción de mobiliario urbano en los espacios públicos) y merece el crédito de estar ahí encima de un escenario frente a una audiencia». 
Después pasamos un rato preguntándonos si alguna vez el skateboarding pidió esa validación. «Es un poco como cuando tienes un grupo favorito que firma por una multinacional y de repente son unos vendidos. Tras años sacando discos grabados con pocos medios y tocando en bares por dos duros (y tú creyendo que son la hostia), de repente les llega la oportunidad y en realidad deberíamos alegrarnos.  ¿O no? A pesar de nuestras ideas y prejuicios que como skaters tengamos sobre las olimpiadas hay que reconocer que ni siquiera Tokio pudo cambiar el alma del skateboarding. Ha sido la única disciplina en que los competidores se yeahban[1].Se animaban entre ellas y ellos todo el rato,  en cada ronda y en cada truco, como se hace en los skateparks cuando no hay cadenas de televisión retrasmitiendo». 

Hay algo del skateboarding que escapa de cualquier junta directiva: los trucos nunca se hacen para obtener los aplausos de los otros sino por la increíble sensación interior que provocan. «La relación que cada uno tenemos con el monopatín es única y eso es parte de lo que lo convierte en tan especial. El monopatín hace que la gente que lo practica se sienta feliz y ofrece una sensación de libertad como muy pocas cosas». 
Asómate  ahora mismo a ver una secuencia de skate que se haya publicado hoy en redes  y verás que, en palabras de Ricky: «la cosa se ha profesionalizado mucho y cuando el desafío es enorme hay varias cámaras,  amigos, equipo técnico, focos… Pero lo primero que sucede cuando el truco sale bien, es un silencio imperceptible y después, todos salen de sus escondrijos, soltando lo que tengan en las manos y persiguen al que lo acaba de lograr gritando para darle alcance y abrazos. Porque el truco es cosa de todos. Del que lo hizo y de los que estaban allí y fueron testigos. A ambos lados se siente uno bien. Siendo animado al patinar o animando al que patin».


[1] Yeahr es decir yeah. Es animar con fruición a otro skater que se acaba de sacar un trucazo.  Cuando los yeahs no bastan o se ha perdido la voz, se sustituyen por golpes secos  y repetidos en secuencias de dos o tres de la tabla contra el suelo.

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ENGLISH

Just as we have never heard “football is not a crime” (although it could) or “pole vault and destroy” or “go curling or die”, we do not often read any appreciation for the world of skateboarding and that device with wheels and sandpaper first sold in toy stores more than half a century ago.

This brief and sensitive sixty-two page dedication to skateboarding has become the source of salvation to Ricky Roberts III and thousands of others. Self-published and successfully shared across networks and platforms, Thank You Skateboarding is his eighth book. In addition to skating daily and uploading tricks and wipeouts, that you can see on his IG account, he is a motivational speaker and founder of You Are Valued, an American NGO that tours at-risk high schools with dynamics focused on working self-esteem by valuing others.

Robert’s story is shaped by abuse in a family environment of violence and drugs, running away, fights and so on, until he was stabbed thirteen times one night outside a concert. It is then, lying in the hospital bed, when he reevaluates his life, and once recovered, picks up the skateboard again to heal his wounds. Throughout this journey the one and only stable thing in his life has been his skateboard. People who think that the past has always been better are not able to connect with their present or have never had a hard time. That’s why this book is so clear, distilled, honest, and so anti-inflammatory.

It is divided into different chapters based on skateboarding’s spiritual contributions to different aspects of his life, such as: determination, perspective, focus, getting up after you fall, support, overcoming your fears or forging friendship on a curb. Until now, when you put skateboarding on the capitalist scale of productivity, it always gave a negative balance: Is it worth it? Why do people risk getting hurt by skating? Wounds, bans, fines, injuries. At first, it was so anti-capitalist that now it has become a commercial and universal symbol of freedom, life without rules and creativity. So much so that advertising does not stop using skateboards to sell health insurance, electric cars or youth perfumes.

I contacted Roberts as soon as I read his book and we spoke one night on Zoom. We talked about his text, his story, and inevitably the conversation turned to the recent Olympic Games in Tokyo where skateboarding officially became a sport: «The Olympics have been a bit like society saying I respect you enough to see that what you do is impressive (not just destroying urban furniture in public spaces) and it does deserves the credit of being there on stage in front of an audience.»

We then spent a while discussing whether skateboarding ever asked for this validation. «It’s a bit like when you have a favorite band that gets signed to a multinational, and suddenly they become a sell out. After years of releasing albums recorded with little means and playing in bars for two bucks (and you thinking that they are the shit), suddenly the opportunity arrives and we should really rejoice. Shouldn´t we? Despite our ideas and prejudices that we as skaters have about the Olympics, we must admit that not even Tokyo could change the soul of skateboarding. It was the only discipline in which the competitors yeahed[1] for each other. They encouraged each other all the time, in each round and in each trick, as is done in skateparks when there are no television networks broadcasting.»

There is something about skateboarding that escapes any board of directors: the tricks are never done to get the applause of others but for the incredible internal feeling that they provoke. “The relationship that we each have with the skateboard is unique and that is what makes it so special. Skateboarding makes the people who practice it happy and it offers a sense of freedom only very few things can.»

Take a look right now at any skate clip that has been published today on social media and you will see that, in Ricky’s words: «Things have become very professional and when the challenge is huge there are several cameras, friends, technical equipment, spotlights… But the first thing that happens when the trick goes well is an deafening silence and after that, everyone comes out of their hiding places, dropping whatever they have in their hands and chasing the one who has just accomplished something great, shouting to catch up with them and hug them. Because that trick is everyone’s trick. It belongs to the one who landed it and to those who witnessed it. And on both sides, it feels really good: being encouraged for skateboarding or encouraging the skater”. 

[1] To yeah: fruitfully cheering on another skater who has just pulled off a trick. When the yeahs are not enough or the voice has been lost, they are replaced by dry and repeated blows in sequences of two or three of the board against the ground.

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