Virutas de lo virtual: B-y-g

Posted on julio 14, 2017

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Que mi bolsillo, o mi pantalón, o mi culo llame a alguien con el que he estado escribiéndome unos minutos antes es algo cada vez más típico de mi móvil. También hacer llamadas peliagudas o compartir de pronto, en lo que paseo de un lado a otro del centro, archivos intempestivos. Esto me lo hace mucho, aunque de momento la sangre no ha llegado al río. Yo, por si acaso, siempre guardo una pizca de hambre porque vale más cenar dos veces que dar explicaciones.

Mis pantalones también pinchan a través de mi móvil y de repente estoy escogiendo latas en el supermercado y suena un tema como de aventuras medievales que no es propio del hilo musical, pero ahí está y, cuando me vengo a dar cuenta la melodía épica me sale de la pernera.

En fin.

Pero lo de esta vez creo que no tiene nombre. Supongo que podría bloquearlo como hace toda la gente de bien cuando se lo mete en el bolsillo, pero eso es exactamente lo que creo que he estado haciendo con rigor desde mi primer Nokia.

Resulta que anoche volviendo a casa caminando con el móvil en el bolsillo, con unos confortables aunque quizás algo ceñidos pantalones veraniegos, el teléfono va y se desbloquea o lo desbloquea el pantalón según camino. El caso es que se abre el acceso directo a mi blog y se teclean 3 letras rítmicamente con la presión de distintas partes de mi pierna derecha en una cadencia aproximada de 6000 pasos por hora y se postea mientras yo divago al caminar y pienso en algo que escribir para este blog. Llego a casa, procedo a realizar mis abluciones nocturnas y me voy a dormir. Me levanto con los ruidos de una obra cercana y los ojos pegados, y desayuno fruta, y cuando intento leer los titulares de un diario digital, veo mis estadísticas y leo una ristra de comentarios de gente que opina sobre lo que han difundido mis pantalones a mis espaldas y no puedo creerlo.

Mi teléfono o mis pantalones, no sé a quién darle el crédito ahora, pero ha sido entre ellos dos, con las tres letras que puedes leer cómodamente en la entrada anterior (B-y-g), tienen más éxito que yo haciendo sesudas reflexiones sobre la fauna estampada en los pasaportes. Gente que no conozco de nada empieza a considerarme críptico o conceptual o contemporáneo y a solicitarme amistad en las redes mientras trato de darle un significado, o un retrogusto veraniego a la fricción del azar contra mis muslos.