¡Que los pingüinos no vuelan!

Posted on marzo 30, 2017

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Un momento… ¡Este cuento está al revés!

 

¡Vamos a darle la vuelta!

 

Ahhhh, ahora…

 

1—     

Había una vez un planeta sin esquinas pero con muchos países y mares. En uno de eso países había 47 islas juntas que, si las unías en un mapa unas con otras con un lápiz, de una manera, parecían un puerco espín, pero si las unías de la manera contraria, tenían forma de piña.

En una de ellas, la que justamente formaba el pincho número 4 del dibujo del puerco espín, o el número 36 de la base de la piña, había una ciudad con un aeropuerto, una fábrica que echaba humo y otra que siempre había estado cerrada y 19 pueblos cada uno con el nombre de un color.

             Ilustrado por Patato

En uno de esos pueblos, en Violeta, había un parque con columpios y rampas, un charco con ranas, un quiosco donde se podían comprar pipas, periódicos, pasta de dientes, pajaritas de papel, pisto y pistachos y alrededor había varios edificios muy altos con muchos pisos donde vivían muchos vivos vivientes. Vivían bomberos, vivían baloncestistas, vivían brigadieres, vivían veterinarios, vivían vulcanianos, vivían bailarinas, vivían bisontes, vivían burócratas, vegetarianos y buzos.

Y además, vivían los 4 protagonistas de nuestra historia.

Si quieres, puedes ponerles tú los nombres.

Son dos chicos y dos chicas. Entre todos tienen 32 años. Podrían tener 3 de ellos un año y el otro 29, También podrían tener 6, 7, 9 y 10 o 21, 5, 4 y 3. Pero a mi me gusta que tengan 7, 8, 8 y 9.

Una vivía en la azotea, otro en el entresuelo, otra en el segundo A y otro en el noveno B (Aunque sus vecinos decían que vivía en el no ve no ve para reírse un rato).

Se habían conocido en los ascensores cogidos de las manos de sus madres y sus padres cuando eran más pequeños y, como lo que se dice por debajo de la rodilla de los mayores, los mayores no pueden escucharlo, se habían hecho amigos enseguida y siempre que podían pasaban la tarde saltando en los charcos del parque, intentando coger ranas  o haciendo rocanroles en los copings de las rampas.

¿Ya sabes que nombres les vas a poner?

Los necesito para poder seguir con el cuento.

Te cuento:

La niña que tiene 9 años, también tiene pecas, baila en la ducha, canta en inglés, le gustan los helados de limón y no piensa en qué va a ser de mayor, porque para eso aún falta mucho. Además odia las faldas y quiere que le pongan gafas aunque ve perfectamente.

El niño de 8 años no entiende porque hay que ser siempre tan valiente, lee a 200 kilómetros por hora, no le gusta demasiado comer y sabe nombrar las estrellas cuando por la noche el cielo está despejado de nubes. Sabe nombrar casi todas y las que no sabe, se las inventa porque como casi nadie tiene ni idea de nombres de estrellas todos le dicen -¿ah sí?, ¿esa es la estrella llamada Boniato?- Y entonces disimulan, y él, también.

La otra niña tiene 8 años y cuando no sonríe es porque ha pasado algo que no le ha gustado nada, como que empiece a llover nada más llegar al parque. El resto del tiempo está muy contenta, le gusta estar sola y también estar con gente, estar en la calle y estar en casa pero, sobre todo, le gustan los números. Le gustan mucho y se pasa la vida contando cosas. Las baldosas, las ranas que se les han escapado, dientes, gotas, tornillos, monedas, canicas…

Y el niño más pequeño, el que tiene 7 años, parece el más mayor. Es grande y es serio y responsable pero aunque el no lo sabe, cuanto más serio intenta ser, más inconfesable es la trastada. Por ejemplo, ayer pensó que debía defender a las ranas para que ningún niño del parque las cogiera y para eso se metió dentro de la charca que le cubría por encima de las rodillas. Se metió con los pantalones y los zapatos y se puso como un guardia parando el trafico, con la mano abierta. Entonces, todas las ranas salieron asustadas de la charca y los niños del parque tuvieron se pusieron a intentar cogerlas para devolverlas a su charca. Llegó mojado y nadie sabía dónde estaban esas ranas. Esta mañana estaban todas de vuelta a la charca.

 

Nota:

Este es el primer capítulo de un cuento escrito para mis sobrinos. Está hecho con retales y se le ve las costuras, que es lo que a ellos les gusta. Si quieres seguir leyéndolo, descargarlo, compartirlo, encuadernarlo o hacer con él una sombrilla, escríbeme y te lo envío completo en .pdf.

Es gratis.

No es un crowfunding.

No quiero donaciones.

No quiero donativos.

No es una estafa piramidal.

No soy un robot.

 

 

 

 

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