Azul petróleo

Posted on junio 6, 2014

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Si algo nos están enseñando estos tiempos es que una mentira repetida mil veces acaba siendo una verdad (la frase se le atribuye a Göbbels[1]) por mucho que huela; eso, y que hay carreras meteóricas basadas en este sencillo supuesto. Pues bien, para celebrarlo hoy hablaremos del azul petróleo.

En origen esta variación cromática del azul no hace referencia al combustible, sino que debe su nombre a una mala traducción del ingles blue petrel[2], aunque ahora el azul petróleo empiece a asociarse a un azul oscuro casi negro, viscoso, que impregna  todo a su paso.

Podría ser (esto es una hipótesis, y a día de hoy una remota posibilidad) que las prospecciones petrolíferas en Canarias desemboquen en un desastre, que el azul marino del Atlántico pasara a llamarse azul petróleo, azul crudo o azul viscoso. Sabiendo que el azar, la capacidad de previsión, el sentido común y la probabilidad están de nuestro lado, asumir ese riesgo es de ser tontos del culo, ¿no?

¿A que profundidad están esas bolsas de crudo? Antonio Brufau presidente de Repsol, avatar de Montgomery Burns y optimista patológico en el calculo de distancias y riesgos dice que a 3.000 metros, y que tampoco es para tanto. En cambio el diario alemán Der Speigel, el 15 de mayo de 2014, antes de la firma del acuerdo canario-repsoliano, se cuestiona la viabilidad actual de las perforaciones marinas y, califica como insensatas aquellas que van más allá de los 1500 metros de profundidad.

Ambas fuentes asumen que el propio proceso de extracción genera vertidos, que extraer a esa profundidad es costoso, tanto que, aún no sabemos si la inversión resultará rentable. Por si acaso el plan de Repsol se compone 3 intentos, 3 pinchadas que se harán de manera experimental aunque con tecnología punta, eso sí. Se innova al ritmo que marcan las incidencias, incidentes y accidentes.

Así que lo importante no sería la distancia horizontal ese que nos han repetido 990 veces, la que va desde la costa hasta el punto señalado en el océano, sino que la determinante es la que hay desde la superficie a las supuestas bolsas.

Siguiendo con los números, en 2013 pasaron por Canarias 10,6 millones de turistas casi 11 de los 60,6 que pasaron por nuestro país. Ese es el verdadero yacimiento, ese es nuestro oro, que sin llegar a ser negro está encantado de dejarse broncear por el sol en nuestras costas. Esa es la riqueza que hay que explotar con sumo cuidado. Hablamos de unas islas volcadas en los servicios que genera este flujo enorme de turismo, volcado a su vez en las excepcionalidades geográficas y climatológicas en las que vivimos. De un lugar sin industria, sin ni siquiera la cualificación o recorrido suficiente para desarrollar la suya propia en torno al petróleo y sus derivados, con una incidencia del paro del 30% en su mayoría procedente de la construcción.

La pregunta jodida no es cuantos visitantes volverían a Canarias en caso de un vertido (sin necesidad de llegar a la magnitud del desastre del Golfo de México, pongamos la mitad). La jodida pregunta es: ¿Cuánto tiempo tardaríamos en largarnos de aquí para buscar algo que comer en cualquier otro lugar del mundo? ¿Con cuantos aviones se evacúa una isla? Ni siquiera podríamos desalar adecuadamente el agua del mar y aunque bebiéramos Dorada o Tropical para los restos, deberíamos volver a un sistema agrario basado en la recogida de agua de lluvias. Aquí eso es muy duro, los más mayores lo saben.

Los marroquíes todavía no han encontrado nada.Y, para que se lo queden los marroquíes, nos lo quedamos nosotros, ¿no? Bueno pues esa es, también, parte de la basura con la que perforan nuestros oídos a todas horas.El caso es perforar.

Se trata de dos yacimientos independientes que cada país va a tratar de obtener por su cuenta, y no una carrera a muerte en la que el que llegue primero se lo lleva. ¿Cuánto beneficio de la supuesta extracción se va a quedar aquí?, ¿Cuanta mano de obra no cualificada (y barata) se necesita para llevar a cabo ese proyecto?, ¿Cuánto nos toca a repartir a cada uno?

Resulta también que a base de aislamiento, idiosincrasia, conciencia, apoyos y un montón de factores añadidos, Las Islas se van convirtiendo poco a poco en un ejemplo y referente de modelo de sostenibilidad y de implementación de energías renovables y sostenibles. La isla de El Hierro es completamente autosostenible y se estudia su caso en distintos lugares del mundo.

Aquí de lo que se trata es de un modelo enfrentado a otro, el del plazo corto, las cosas cogidas a puñados,  el cuatrienio y  la longevidad de una legislatura como única perspectiva, frente al medio y largo plazo, al desarrollo sostenible y el cambio de paradigma, que ya el mundo entero se fija como objetivo por pequeña que tenga la boca.

La cosa parece sencilla.

Quien esté dispuesto a arriesgar lo que tenemos por un modelo contaminante, de alto riesgo (o suicida) y caduco, del que ni siquiera sabemos con certeza que vaya a proporcionar esas bolsas rebosantes de dinero, que tire la primera piedra y esconda la mano, que estos se la cortan. Y los que estén a favor, que consigan el compromiso por parte de cualquiera de los agentes involucrados con el fin de obtener o repartir algún beneficio después de asumir este pedazo de riesgo irreversible.

Disculpen si me río mientras busco piedras gordas.

 

 

[1] Göbbels: Ministro de propaganda del Tercer Reich.

[2] Petrel (De or. inc.).

1. m. Ave palmípeda, muy voladora, del tamaño de una alondra, común en todos los mares, donde se la ve a enormes distancias de la tierra, nadando en las crestas de las olas, para coger los huevos de peces, moluscos y crustáceos, con que se alimenta. Es de plumaje pardo negruzco, con el arranque de la cola blanco, y vive en bandadas, que anidan entre las rocas de las costas desiertas.

Foto: La farola del mar