Así, sin más, a bulto

Posted on enero 27, 2014

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De la manifestación con motivo de la huelga general el año pasado por la Rambla  a la cita con el ministro en La Laguna esta mañana hay muchos cambios a mejor, y no lo digo por los que ven la vida a través de los cristales blindados y oscuros de sus coches oficiales. Me refiero a nosotros que tras el comienzo de la demolición y después de vivir tan ricamente, empezamos a quedar para ir a pitar,  a gritar y cada vez más, según pasa únicamente el tiempo, a lo que haga falta.

Salí indignado con los indignados en aquella mani&huelga. Éramos inocuos, cantábamos y bailábamos, parecía más un carnaval que cualquier otra cosa. La policía ni se molestó en ponerse los cascos. Hablaban por el móvil, se contaban chistes y fumaban apoyados en sus coches, que bloqueaban las calles aledañas al flujo de pizpiertos huelguistas como quien aparca un momento en doble fila para comprar pan. No había  una sola lechera. No suponíamos ninguna amenaza. No les hubiera importado autorizarnos a manifestarnos así cada lunes de 17:00 a 19:00.

Hace falta el miedo, nosotros ya llevamos un poco en los bolsillos, y ellos lo necesitan, no entenderán otro lenguaje, no están dispuestos a escucharlo. Lo necesitan porque han perdido sensibilidad auditiva a base de no hacer ni puto caso y porque hasta ahora después de la sordera, nunca pasaba nada.

Hoy aquí han sentido un poco de ese miedo y han dado órdenes,  y a los que les han llegado esas órdenes, que esta vez llevaban casco puesto, han tratado de espantarlo a porrazos. Bastantes en muslos y costados,  y algunos en le aire. El miedo es un porrazo a una niña acorralada contra un muro. El miedo no es la niña acorralada. El miedo lanza huevos y palos que salen de la multitud, pero que doblando en número al despliegue policial y, dispuesta a ambos lados de una calle que las autoridades han cortado, podría reducir, o aplastar sin demasiado problema a los agentes.

La calle debe arder para ser escuchada, nada nuevo, y no es tanto por la gesta, sino por el engorro de limpiar las calles después, cuando salen a vender la marca.

Canarias es especial, como Toledo o Wichita, y cuando vives aquí pero vienes de fuera aprecias enseguida la creatividad en el grito coreado.  De ninguna otra forma habría podido escuchar asombrado y sonriente, desconcertado, ese ustedes ceremonioso, casi oficial, lleno de respeto cuando en tu hablar manejas con soltura el vosotros, pero esta mañana salpicaba al gritarse, y ese ustedes fascistas son los terroristas llegó rabioso a oídos de los que compartían escenario antes de salir por una puerta menor de la catedral.

Cuando empiecen a escuchar, explicaremos que no es lo mismo representar que hacer una representación. O que representar a un porcentaje, ahora desaparecido misteriosamente, de la población que ha depositado una papeleta en una urna como quien deposita su confianza, no consiste en arrasar con todo lo demás. O que gobernar no es exactamente engordar el patrimonio personal y exige una responsabilidad de la que debería ocuparse cada uno, pero que cuando no sucede, nos toca a los demás exigirla muy en serio.

Estamos haciendo ruido, seguro que haremos más, pero aún no es tiempo de chuparse las pollas. Hay mucho trabajo personal pendiente, de posicionamiento diario, de toma de decisiones, de actitud a cada hora, y luego la calle, con la masa.

No  defiendo a nadie que pegue a una niña ni con la mano abierta, ni aunque sea su propia hija, o vaya sin equipo de intervención,  pero la mentira  ha tomado un papel  tan activo en la política, desprovista ya de la decencia o la molestia de  preparar una cortina de humo, sino así, a bulto, que lo que vemos casi nunca es lo que es. El sindicato mayoritario de policía denuncia que el gobierno está buscando un muerto (muy interesante este enlace). Lo dijo tal cual, como si fuera una estrategia válida, normal, o legítima, o razonable, aunque no aclaró si  lo prefieren civil o  policía. No creo que les importe demasiado. Si es civil nos defenderán de nosotros mismos y si es poli será una justificación perfecta para alumbrar otro término al estilo estado de semi-excepción,  que tanto recuerda a las guerras con sobremesa y teléfono de Gila. Cualquier cadáver servirá para reforzar su estrategia antidisturbios y dar por buena esa mordaza que no tienen mayor problema en llamar alegremente ley de seguridad ciudadana.

Si la ley se aprueba con carácter retroactivo, me habré  metido en un buen  follón con estas palabras y los vídeos que las acompañan, pero lo más grave es que los seguratas de las puertas del Zara podrán detenerme así, sin más.

Foto: Jesús Duque Cranny.

Ya se habló de algo parecido aquí.