Yo peleé en el Lucha Libro

Posted on junio 27, 2012

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Convertir la acción misma de  la escritura: una mesa, una persona, un ordenador o una libreta, altas horas, silencio o sucedáneos, intimidad,  miradas fijas a la pared, procastrinación, pajas mentales, de las otras, ojear libros, resoplar, tabaquismo.  Convertirlo en un espectáculo, sacarlo de su encierro, romper el vidrio de -en caso de incendio- para producir ruido y transformarlo en entretenimiento, es lo que  me llamó la atención de este Primer Campeonato de Improvisación Literaria. Algo distinto de la solemnidad habitual de un concurso. Exposición pura frente  a un público (si lo hubiera) y un premio que descubro después de haber enviado dos cuentos a la espera de saber si han sido seleccionados.

Una máscara de luchador mexicano, un nombre de guerra acorde a los brillos de la careta, una pantalla gigante, 3 palabras, 5 minutos y una canción que cuando termina hace las veces de campana. Improvisa,  para eso estás aquí.

Hay a quien le parece estupendo, hay a quien espeluznante y 16 seleccionados de entre 41 aspirantes.

Me asomo el primer día para hacer bulto, no me fío. La idea es lo suficientemente interesante para provocar desbanda de ortodoxos, tímidos amparados por el academicismo y otras razas que escriben. Una enorme sorpresa encontrar a 40 personas sentadas, pendientes de los primeros luchadores, pidiendo gin&tonics y mostrando su apoyo o desacuerdo a viva voz en el Café Atlántico.

Los aspirantes sudan como potros encerrados. Hay de todo hay hip-hop hay cursilería, hay ingenio, hay una excelente página de una novela negra, hay mala ostia, plantillas, verdadera impro, de todo.

Nos llevan a la cocina del café, nos emparejan, reparten máscaras entre quienes no tienen. Algunos la traemos de casa y sin la nuestra no pensamos competir. Organizan los turnos y explican las reglas. Los combates serán individuales sobre el escenario, pero emparejados a todos los demás efectos. Misma canción, mismas palabras y mismos nervios, que no es lo mismo decirle a un amigo que te envíe tres palabras y hacer sombra en tu habitación, que tener a un jurado delante y a no se cuantos pares de ojos debajo del escenario, sonando musicón. Negroponte trae un cuaderno, Musidora una Lomo, La Venadita fuma en los vestuarios. La acompaño.

Me lo ponen fácil: Espejo sacerdote, tiroteo son las tres palabras.  Muy De La Iglesia, (Eloy, no Alex) muy rápido de elaborar. Mi rival compone un cuento con unicornios. Me alzan la mano y sigo encapuchado. Sólo los vencidos muestran su rostro sobre la tarima.

Una semana, y varias fotos después, que paseo por las redes muy entretenido,  estoy en cuartos. Hoy es el día, si ganas eres finalista y  Baile del sol publicará un libro con los otros tres vencedores de la velada. Vamos a confiar en ello. Otra vez en la cocina, la organización nos pide un euro para el sorteo. Nos recuerdan que tenemos barra libre de Coronitas. Creo que nadie lo ha olvidado. Musidora sigue rellenando hojas de su cuaderno a velocidad de vértigo.  Me toca contra Cucaracho. Me devuelven la moneda. Entre bambalinas se pone una camiseta de Machete. Se que no tiene una plantilla preparada, no es su estilo, el mío tampoco, será un combate justo.  “Sombrero mexicano, borracha, sábana” Son 4 palabras, pero 3 conceptos dicen los árbitros. Me tiro al barro, sigo a  mi primera línea de pensamiento que trata, cómo no, de sexo con una mujer borracha cabalgándome en una cama arrugada con el sombrero desplazándose, queriendo caer de su cabeza. Demasiado obvio pienso mientras caen los segundos y le doy una vuelta de tuerca, o dos, creo que le doy tres.

Cucaracho trata de que el publico le haga palmas al final de su asalto, hoy hay unas 70 personas, y escribe algo que no puedo ver. No las tengo todas conmigo, pero el jurado decide y escapo. Estoy en el recopilatorio, en semifinales, en la barra hasta que dejan de servir Coronitas, y a la noche siguiente, desde el final del España-Francia. La gente anima a la selección gritando  cosas acerca de guiñoles.

El día de la finalísima los ánimos están más relajados, o más contenidos, o más diplomáticos. Sólo somos cuatro.  Creo que hay una favorita y tengo un plan. No me toca con ella y decido abortar. No tendría que haberlo hecho, pero me gusta el juego en si. Toma 3 palabras, no pierdas ni un segundo, pide una cerveza si quieres, pero estás perdiendo el tiempo.

“Linterna, garganta y festival” improviso y veo la historia. Es un ladrón que tras conseguir el botín lo devuelve al ver a la bella robada durmiendo. Ni tan mal. El ordenador se vuelve loco, el Insert está pulsado y venga a deshacer y borrar, la mitad del texto en mayúscula, ese tipo de cosas. En el vestuario me doy cuenta que he hablado de sed y de matar por una cerveza, pero no he puesto la palabra garganta. Lo digo y Muñeca de Letras cree que también lo ha olvidado. Escapo,  somos igual de despistados. El jurado decide no anular el combate y se decanta por Muñeca de Letras y su extrema sensibilidad. El Esguince del Lince levanta su careta y muestra mi rostro congestionado.

Finalmente Pollito de Macondo construye un cuentazo sobre Jesucristo relajándose en una piscina antes de su segunda venida a la tierra. Muy Foster Wallace, muy bien, muy merecido. Para el campeón hay un espectacular cinturón de lucha mexicana y mayor presencia en el libro a publicar. Yo me hago fotos con el cinto y me echo unas risas con El Pollito, que está pletórico.

Bebemos las Coronitas que quedan y algunos rones con El Shiva Azul, Dani, Criserey  y Pablo. La organización está satisfecha. El campeonato ha sido un éxito. El ruido está hecho, la escritura en los bares, el Lucha Libro en los medios. Ha habido espectáculo. Montamos una hoguera minimalista junto al charco de Plaza de España. Es la noche de San Juan. Escribimos deseos en hojas de laurel, saltamos sobre un fuego de dos centímetros que Pablo aviva con un billete de 5 euros. Lo hace para no beber más, dice alguien. Se va sin mirar atrás.Nos abrazamos un poco torpes mientras decidimos esperar la amanecida divididos en pequeños grupos.